Mochileo u hormigueo en el Darién: modalidad para el tráfico terrestre de drogas ilícitas

Mochileo u hormigueo en el Darién

Publicado: 19 jul 2022

Desde el Urabá chocoano, compuesto por los municipios de Acandí, Ungía, Riosucio y Juradó1, parten hacia Panamá los denominados mochileros y migrantes que, bajo la coerción, llevan paquetes de cocaína cuando pretenden cruzar las riesgosas rutas del Tapón del Darién.

Este fenómeno, además de incrementar el nivel de vulnerabilidad de migrantes irregulares, deja cuantiosas sumas de dinero al narcotráfico al pasar desapercibida por las difíciles condiciones de la selva y el bajo control en esta zona fronteriza.

Contextualización del fenómeno

Los mochileros es una modalidad de tráfico de cocaína implementada desde los años 90 en países como Perú y Bolivia, y que posteriormente fue adoptada por organizaciones narcotraficantes colombianas para el envío de clorhidrato de cocaína a Panamá a través del Tapón del Darién. Lo anterior, con el fin de no llamar la atención de las autoridades, confundiéndose con el paso de migrantes irregulares debido a la complejidad geográfica de esta región fronteriza (BBC, 2018).

La modalidad consiste en el empleo de pasos ilegales de frontera no controlados adaptados en medio de la vegetación adversa (caminos de herradura2 y trochas improvisadas), donde inicialmente para el hormigueo eran utilizados miembros de las comunidades étnicas de esta subregión del Chocó, quienes se movilizan bajo un estilo nómada3 (simulando el camino de las hormigas, de ahí su nombre),  cargando a su espalda maletas o mochilas con clorhidrato de cocaína (entre 15 y 25 kilos por persona), en recorridos a pie que oscilan entre los seis y doce días aproximadamente, dependiendo de las condiciones climáticas y la resistencia de los caminantes. Las comunidades nativas del territorio veían en esta actividad una opción de obtener recursos de forma rápida.

Con el paso del tiempo, y ante la concentración de migrantes en esta zona del país, se fue incrementando la práctica del hormigueo ante la falta de recursos para pagar a los traficantes de migrantes el paso trasfronterizo. Es preciso mencionar que la caminata con mochilas de drogas también se convirtió en un condicionante para lograr continuar con la travesía hacia el norte del continente.


Fuente: Elaboración propia a partir de
información de SENAFRONT Panamá y DIRAN
Colombia, uso de imágenes de referencia en el
documental BBC News Mundo (2018).

Los mochileros reciben un promedio de 4 millones de pesos como pago del recorrido: recibiendo un 50% al iniciar y el otro 50% al entregar la carga. Dependiendo de las condiciones, tanto de seguridad como climáticas, es el GAO quien decide los recorridos y el tipo de embarcación a utilizar, si estas se requieren. Organizaciones narcotraficantes y de crimen organizado vinculados al narcotráfico como las AGC o el Clan del Golfo, con injerencia en la región del Darién y del Urabá chocoano, han establecido rutas (Ver mapa) a través de las cuales han logrado llevar numerosos kilos de droga al país vecino sin llamar la atención de las autoridades fronterizas tanto de Colombia como de Panamá. En promedio, y de acuerdo con las autoridades, esta modalidad permite a las organizaciones transportar 3.600 kilos de cocaína al mes; las rutas son utilizadas al menos cada 15 o 20 días, donde se movilizan dos o tres grupos integrados por 25 o 30 mochileros.

De acuerdo con información castrense, las travesías son realizadas preferiblemente entre la primera y última semana del mes (días de menor humedad que facilitan las condiciones para las caravanas de caminantes, especialmente con peso como los mochileros). En este camino se vinculan personas locales de comunidades étnicas de municipios de Chocó como Acandí, Unguía, Riosucio y Juradó, y del municipio de Turbo en Antioquia. Se conoce que recientemente habría una vinculación de migrantes irregulares que optaron por quedarse en la zona.

Recorridos en promedio entre 6 a 12 días y se movilizan en grupos de aproximadamente 25 a 30 personas, quienes transportan entre 15 y 25 kilos de cocaína cada uno, en mochilas adaptadas e impermeabilizadas

Actores locales señalan que los mejores meses para atravesar el Tapón del Darién son entre noviembre y marzo, que se caracterizan por ser época de verano. Resaltan que después es imposible porque el resto del año incrementan las lluvias y el nivel de los ríos por donde pasan las rutas migrantes por encima de los 2 metros; sin embargo, esta situación estaría aplicando para la migración pero no sería un condicionante o impedimento para el hormigueo de las drogas, considerando los antecedentes de intervenciones a grupos de mochileros por parte de la Fuerza Pública en diferentes meses del año4.

Perpetradores: Influencia GAO Clan del Golfo:

Las actividades relacionadas con el hormigueo son dinamizadas por la subestructura Efrén Vargas Gutiérrez de las AGC con injerencia en la región de Acandí, Riosucio y Unguía.   

Esta estructura se encarga del reclutamiento de personas a través de la tercerización, empleando organizaciones delincuenciales ubicadas en ciudades capitales como Medellín, Cali, Popayán, quienes realizan convocatorias a través del ofrecimiento de garantías económicas para el “enganche” de cargadores de drogas.

Los cargamentos de droga son cuidados por hombres con conocimiento especializado en armas (entre 4 y 6 personas armadas por grupo), quienes se encargan de vigilar los recorridos, evitar que los cargadores de la droga se fuguen con la maleta y evitar que otros grupos traten de apoderarse de los cargamentos.

Con la subcontratación también financian y coordinan los centros de acopio, así como las zonas o puntos de descanso, adecuados en Colombia y Panamá, de acuerdo con las necesidades y tiempo de entrega requeridos. También realizan la consolidación de enlaces claves (coordinadores, arrieros, líneas) a lo largo de los recorridos en territorio colombiano y panameño, con el fin de realizar entregas e interconexiones seguras.

Dinámicas históricas del mochileo

Antes de que el mochileo fuera monopolizado por el Clan del Golfo, entre el 2009 y 2013, las autoridades de ambos países evidenciaron la fenomenología del "hormigueo y mochileros", como nueva modalidad para el transporte de las drogas ilícitas por la frontera con Panamá. En esos años lograron determinar que los caminantes trasportaban entre 10 y 12 kilos, y que cada viaje tomaba entre 15 a 20 días utilizando caminos improvisados que en ese momento las FARC – a través del Frente 57 – utilizaron para desplazarse e implementar esta modalidad. En el marco de esta actividad, el grupo guerrillero recurrió al uso de artefactos explosivos para evitar el desvío de los mochileros (SENAFRONT, 2014).

Es así como esta dinámica de grupos de caminantes mochileros, quedó en el territorio como una práctica promovida por las FARC quien mostraba a la comunidad que esta era una forma de entrada económica rápida, prometiendo pagos de 700 a 1.200 dólares por cada trayecto. Inicialmente el hormigueo era asumido como una ruta alterna o de emergencia trasportando entre dos y cinco kilos de drogas desde el lado colombiano hasta el distrito de Chepo (Panamá); pero ahora grupos como las AGC, lo viene utilizando como parte de la ruta principal para el paso trasfronterizo de las drogas (combinando esta modalidad con el posterior trafico vía terrestre y marítima desde los sectores de Panamá: Darién o Chepo).

Inicialmente el hormigueo era considerado como una práctica realizada por lugareños colombianos para ingresar cargamentos fragmentados de droga a Panamá por la espesa zona boscosa de Darién; sin embargo, en 2016 durante investigaciones de la Fiscalía de Panamá dieron cuenta que ciudadanos panameños también habrían cedido a las pretensiones de los actores armados que dinamizan el hormigueo (Pérez, 2016).

Es así que, los mochileros durante sus travesías en el hormigueo de drogas son custodiados por hombres armados para garantizar la entrega en su destino (razón de los enfrentamientos durante los patrullajes de las autoridades: respuesta de los custodios armados), caminando con una carga más pesada, pasando de maletas pequeñas con 5 kilos a maletas más grandes (morrales artesanales adaptado) con hasta con 25 kilos de drogas cada uno, cubriendo un largo recorrido que podría tomar hasta 6 días para culminarlo (Pérez, 2016).

Durante conversaciones con la comunidad y autoridades tratando de determinar su origen (hormigueo), coincidieron en señalar que su origen estaría relacionado con los aspectos culturales y comerciales comunes, que con el paso del tiempo por la convivencia de comunidades en esta región de los dos países por las similitudes entre los pueblos y colonos que habitan los dos lados de la frontera; fruto de esta relación cultural, se crearon senderos como rutas para facilitar el movimiento de las comunidades interesadas en ambos lados y durante diferentes épocas del año.

Por lo cual, las practicas migratorias y caminos adaptados con el tiempo y la llegada de actores armados ilegales, han sido utilizados a favor de sus rentas ilegales, convenciendo inicialmente a los lugareños para que presten sus servicios a estas estructuras, donde las comunidades resaltan que “estas prácticas como la migración de mochileros son las mismas, pero lo único que cambia es el nombre de los grupos delincuenciales”.

Modalidades y rutas alternativas

Fuentes castrenses dan a conocer que el tráfico en general de las drogas ilícitas en la región es realizado vía marítima, ubicando a Panamá como uno de los principales países para el movimiento secundario de las drogas, donde las autoridades han identificado 5 rutas marítimas que tienen como destino territorio panameño.

De igual forma, afluentes hídricos que cumplen un papel fundamental para el tráfico internacional de drogas ilícitas, conectando zonas de producción con el océano pacífico y el mar caribe respectivamente; identificando 5 afluentes hídricos que son empleados constantemente para el tráfico de drogas (DIRAN, 2021).

Las operaciones por parte de la Fuerza Pública y las coordinaciones entre los dos países en materia antidrogas frente al tráfico marítimo, han hecho que los grupos asuman nuevas estrategias como enviar la droga en pequeñas cantidades, siendo fragmentados a través de la modalidad del "hormigueo". Esto dificulta el control y seguimiento por parte de las autoridades fronterizas pasando desapercibidos con las caminatas de los migrantes.

  1. Buenaventura - Bahía Solano – Punta Ardita – Panamá
  2. Punta Ardita – Punta Garachiné – Punta Bruja – Isla Galera – Isla Chepillo - Punta Chame.
  3. Turbo – Kuna Yala
  4. Cartagena – San Blas – Puerto Limón
  5. Buenaventura - Bahía Solano – Panamá

  1. Río Atrato; 2. Rio Truandó; 3. Rio Curvaradó; 4. Río Juradó y 5. Río Salaquí

ROLES en el “HORMIGUEO”:

Según información castrense, ha sido posible identificar algunos roles dentro del hormigueo. Es preciso mencionar que no todas las personas que asumen un rol en esta actividad, son considerados como integrantes de un GAO, pero se conoce que si deben contar con “autorizaciones” de la estructura armada – principalmente de las AGC – para poder ser parte del sistema de tráfico de drogas bajo esta modalidad:

  • “Coordinadores”: ciudadanos, en su mayoría colombianos, que se encargan de la custodia y seguridad en los desplazamientos (tipo nómada) hasta el límite fronterizo.
  • “Líneas”: ciudadanos, en su mayoría panameños, que brindan apoyo y se encargan del abastecimiento logístico (víveres), por lo general se ubican en la comunidad Metetí, realizando desplazamientos fluviales.
  • “Arrieros”: personas encargadas de establecer las rutas a seguir, así como los tiempos de marcha, lugares de descanso y centros de acopio.
  • “Coyotes”: aunque se encuentran mas relacionados con el tráfico ilícito de migrantes para cruzar fronteras y territorios de manera irregular a cambio de una determinada cantidad de dinero (Torre Cantalapiedra, 2014), ante los migrantes que no pueden realizar los altos pagos por variación de tarifas, perdida de dinero o aparición de nuevas condiciones económicas, acuden al ofrecimiento como mochileros para dicho pago, estableciendo contactos y relevos con los coordinadores y arrieros y una vez cumplida la condición (mochileros), retornan al rol de migrantes.

Roles en el “hormigueo”


Fuente: SAGA

De acuerdo con información suministrada por las autoridades que convergen con datos conocidos en dialogo con las comunidades, señalan que el tráfico de migrantes en el Golfo de Urabá maneja cifras elevadas, donde para pasar desde Turbo hasta Panamá vía mar, cobran entre US200 y US400 por persona; los trayectos por tierra, desde Capurganá (Chocó), tendrían un costo que oscilan entre los US25 a US100, pero si un migrante no tiene cómo pagar, tendrían que transportar entre 5 y 10 kilos de cocaína por la trocha, a manera de compensación para el Clan del Golfo.

Hay migrantes que son obligados a transportar entre 20 y 25 kilos de droga por las trochas que atraviesan el Darién hacia el territorio panameño, como cláusula de pago para poder continuar su viaje. Este sería el “pago” que deben realizar a los integrantes del Clan del Golfo por permitirles utilizar las rutas que ellos controlan en esa zona.

¿Mochileo en el Tráfico de migrantes?: superposición – flujos migratorios mixtos o convergentes

El hormigueo se impone a quienes, sin recursos, acceden al tráfico de migrantes, pasando desapercibida su revictimización al ser utilizados como cargueros de drogas, sumado a los tratos inhumanos antes y durante las travesía. Aunque el fenómeno del tráfico de migrantes ha sido visibilizado por diferentes actores a nivel mundial, la magnitud y crudeza de las vivencias aún no contadas están lejos de conocerse.

Actuar criminal del tráfico de inmigrantes


Fuente: SAGA

En este punto, es pertinente tratar brevemente la distinción entre el tráfico de migrantes y la trata de personas.

Según el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), el tráfico ilícito de migrantes es “la facilitación de la entrada ilegal de una persona no nacional en un Estado con el fin de obtener, directa o indirectamente, algún tipo de beneficio de tipo material” (ACNUR, 2016).  En su mayoría, el tipo de víctimas de este delito, se encuentran en una situación de vulnerabilidad y están expuestas a todo tipo de riesgos durante las rutas de migración irregular.

En el caso de la trata de personas, el Protocolo de Palermo (2000, pág. 2) establece que se trata de la “captación, el transporte, el traslado, la acogida o la recepción de personas, recurriendo a la amenaza o al uso de la fuerza u otras formas de coacción, al rapto, al fraude, al engaño, al abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad o a la concesión o recepción de pagos o beneficios para obtener el consentimiento de una persona que tenga autoridad sobre otra, con fines de explotación. Esa explotación incluirá, como mínimo, la explotación de la prostitución ajena u otras formas de explotación sexual, los trabajos o servicios forzados, la esclavitud o las prácticas análogas a la esclavitud, la servidumbre o la extracción de órganos”.

Sin embargo, aun cuando se haga una distinción de estos dos delitos, para el caso del hormigueo con frecuencia la frontera entre ambos es borrosa por lo riesgoso que resulta la situación para quienes acceden a este tipo de servicios, ya que como se ha conocido por parte de fuentes locales y lo emitido a través de medios de comunicación, los migrantes resultan siendo víctimas de delitos como la esclavitud sexual y el trabajo forzoso, entre ellos, el pago o sometimiento al mochileo.

Con esto, se podría afirmar que los migrantes pasan de ser "objeto de tráfico" a ser "objeto de trata" durante el paso por Colombia (explotación laboral, por llamarlo de alguna forma con el hormigueo). En línea con lo explicado por McAdam (2015), la indeterminación entre si una persona es un migrante objeto de tráfico ilícito o una víctima de trata y las implicaciones de estas etiquetas, no son suficientemente distinguibles y pasan desapercibidas ante las entidades competentes (UNODC, 2019).

Es así que el tráfico y la trata de personas a menudo también ocurren en las mismas rutas, utilizan los mismos métodos de transporte y, en algunos casos, son llevados a cabo por los mismos perpetradores -los GAO y sus emisarios-, si el tráfico ilícito de migrantes es visto como un proceso voluntario, los migrantes a menudo no tienen más opción que utilizar los servicios de éstos traficantes, que en tales casos como los mochileros, las circunstancias de tráfico y trata de personas pueden superponerse.

Fuentes castrenses advierten que estos hechos de violencia sobre esta población vulnerable vienen causando una emergencia sanitaria que se agrava con la ya penosa situación de los migrantes, donde muchos pierden la vida, sufren violencias sexuales y malos tratos por parte de “coyotes” y “arrieros” con el fin de quedarse con las ganancias o simplemente, para no pagarles las tarifas acordadas (Defensoria del Pueblo, 2017).

La oferta de mano de obra para mochileros – bien sea por voluntad, por coacción o como única opción – seguirá estando abierta y disponible por la continua llegada de migrantes – cubanos, haitianos, venezolanos, brasileños y africanos – a la región como. En el marco de las rutas de tráfico de migrantes, estas personas suelen llegar de ciudades capitales como Cúcuta, Bogotá, Medellín, e Ipiales y donde su destino final es Norteamérica.

Sin importar los calificativos existentes o emergentes en torno a esta actividad del hormigueo, especialmente los migrantes usados para trasportar drogas, seria prudente considerar su acción como actores irregulares, y no como ilegales, teniendo en cuenta que emigrar sin documentos no es un delito y vienen siendo subutilizados en el tráfico ilegal de migrantes aprovechando sus intereses y necesidades condicionándolos a los intereses económicos de los grupos armados organizados, que aun con algunos vacíos de información ante una especie de código de silencio en la región, se podrían advertir episodios de trata de personas en el marco de esta fenomenología aparentemente exclusiva del narcotráfico.

Impacto social detrás de su manifestación como opción económica

Los caminantes con drogas ilícitas para las comunidades y sus liderazgos se constituyen en un modelo errado de oportunidad económica que amenaza los proyectos de vida de los jóvenes y las generaciones venideras; sin embargo, para las autoridades son un momento de oportunidad en cuanto a cifras o cumplimiento de metas (capturas e incautaciones); por consiguiente, los esfuerzos y acciones frente a la situación son aislados pese a la atención interinstitucional enfocada en esta parte del territorio, la cual se vuelve dispersa sin sumas positivas, sin profundizar en la raíz causa o buscando ir más allá de los actores dinamizadores como el Clan del Golfo o AGC, los coyotes y entre otros roles entorno a esta actividad que es vista como normal.

Diferentes líderes y defensores de derechos humanos de la región – principalmente de comunidades étnicas – se han visto afectados a la hora de denunciar estas prácticas ilegales. Tal es el caso del de un líder ambientalista que coordinaba actividades ecológicas por uno de los senderos por donde transitaban migrantes irregulares (TELESUR, 2021). Igualmente, hay una permanente oferta a las personas en proceso de reincorporación, quienes son vistos por estas agrupaciones como una opción para su fortalecimiento estructural teniendo en cuenta sus conocimientos militares y geográficos de la zona, por lo cual se constituye en un riesgo latente para dicha población y sus núcleos familiares.

Hormigueo: caminantes con drogas ilícitas

Fuente: SENAFRONT Panamá y DIRAN Colombia SAGA

Lugareños: comunidades indígenas y afro (opción económica) migrantes (sin recursos) .

Vinculación a través de terceros: presión y/o extorsión a familiares.

Conocimiento del terreno: desplazamiento y rutas (fungen como guías).

Trasporte: entre 15 a 25 kilos de drogas ilícitas por persona.

Pago por recorrido: entre 3 y 5 millones de pesos (50% al iniciar).

Recorrido: entre 6 y 12 días.

Movilización en caravanas: de 30 a 40 mochileros, custodiados por 4 o 6 hombres armados.

Por otro lado, hay un rechazo social hacia los cargadores de droga al ser percibidos como una problemática local que ha dejado como consecuencia la afectación del entorno socioeconómico del territorio, teniendo en cuenta sus raíces, como el reclutamiento por terceras personas que prestan servicios a grupos armados ilegales o redes narcotraficantes, y a su vez, generan confusión sin competencia con otras oportunidades laborales por las altas sumas de dinero que son ofrecidas y/o por los ofrecimientos engañosos por supuestos viajes hacia Panamá con una semana de duración, que al momento de llegar a este territorio cambian las reglas y la principal condición se constituye el pago del viaje con el trasporte de drogas mediante el mochileo. Situación que se vendría acrecentando con la llegada de migrantes de diferentes partes del país como Tolima, Huila y Valle del Cauca con el fin de realizar dicha travesía por el Tapón del Darién.

Fuentes castrenses con acceso al territorio, corroboran las consecuencias de esta situación con los mochileros y migrantes, advirtiendo que se están presentando homicidios donde la recuperación e identificación de los cuerpos es compleja pues en su mayoría se encuentran en alto grado de descomposición. En Acandí y Riosucio es común encontrarse con personas sin vida a los lados de los caminos sin que una autoridad competente realice el levantamiento del cuerpo. Esto se suma a la problemática de amenazas y desplazamiento de médicos rurales por parte de los grupos armados ilegales.

Voces locales coinciden y hacen hincapié en “prácticamente los grupos armados ilegales son los dueños del territorio y de estos pasos fronterizos, donde incluso obligan a recibir los cuerpos sin la documentación o tramites pertinentes en Acandí y Riosucio, y señalan que como los inspectores no tienen mucho conocimiento se presentan constantemente anomalías y confusiones que no son reportadas o no son objeto de control y seguimiento”.

Actores locales señalan que en la ruralidad no hay instalaciones aptas para los cuerpos en descomposición por lo que esta situación también está generando alarmas en salubridad. Es así como, los cuerpos de los caminantes están siendo inhumados por las comunidades u  otros caminantes. Aquellos que pierden la vida en altamar o los ríos, suelen ser encontrados en las playas.

Otra situación se relaciona con las minas antipersonas que tiempo atrás utilizaron los GAO para marcar las rutas y que no han sido desactivadas. Voces locales advierten que se han presentado accidentes no reportados por causa de la activación de dichos artefactos explosivos, incrementando la continua exposición de la población y los migrantes en campos minados no intervenidos en términos de desminado humanitario.

Por lo anterior, es reiterativo este escenario de violación a Derechos Humanos e infracciones al DIH que se exacerba debido a una limitada respuesta institucional y a los continuos factores estructurales de abandono y precariedad en oferta de servicios básicos que se tornan como elementos críticos en la región.

La solución a esta problemática debe sobrepasar la operatividad de la Fuerza Pública sobre capturas e incautación de drogas y disminuir las brechas socioeconómicas que ven en esta práctica como una oportunidad en el corto plazo para el cumplimiento de sueños en este territorio, inclinándose por la cultura de adquisición de dinero rápido, pese a los riesgos y tratos inhumanos. Hay quienes argumentan que esta decisión es producto de la falta de oportunidades. De acuerdo con la OIM (2021):

"La situación que los migrantes irregulares en tránsito deben enfrentar en la región de América Latina y el Caribe debe abordarse a través de un enfoque regional y no puede ser la responsabilidad de un solo país”, ... "El Pacto Mundial para una Migración Ordenada, Segura y Regular recomienda la cooperación entre los Estados para poder responder de forma inmediata y coherente a las necesidades de los migrantes en condición de vulnerabilidad y esta necesidad se hace especialmente evidente en el Tapón del Darién”.

La situación del hormigueo en esta subregión fronteriza de Chocó con Panamá queda clara como fenomenología local, sin embargo, la figura de un embudo para calificar de algún modo este escenario, evidencia que la migración ilegal obedece a una dimensión trasnacional que también debe enmarcar la articulación estatal no solo de los países de esta frontera común, sino de todo el mundo.

Lo anterior, teniendo en cuenta la advertencia que viene haciendo la Migración Colombia desde 2015 con las principales rutas para el tráfico de migrantes de diferentes continentes que suelen ingresar al país utilizando rutas terrestres, marítimas y, para quienes cuentan con más recursos, aéreas. Al país ingresan por ciudades fronterizas como Ipiales y Tumaco (Nariño), Cúcuta (Norte de Santander), corregimientos como Paraguachón (La Guajira), incluso registrándose algunos casos desde Leticia (Amazonas) (UNODC, 2013).

Principales rutas del tráfico de migrantes


Fuente: SAGA

Lo anterior permite invocar la atención y acción de mas países para impactar positivamente en este territorio que desde hace más de 20 años se ha constituido como un corredor para la migración irregular con destino a Norte América, que, sin importar la inclemencia del Tapón del Darién seguirá siendo el único paso para un futuro mejor.


Notas

1 Ley 191 de 1995: los municipios de Acandí, Unguía y Juradó, han sido declarados zona de frontera, lo que significa entre otros aspectos, que debe existir apoyo estatal e iniciativas de desarrollo de las comunidades.

2 RAE: Camino estrecho por el que solo pueden transitar caballos.

3 Grupo de personas, tribus o comunidades que se desplazan de un sitio a otro, sin residencia permanente.

4 Noticias: https://twitter.com/tvnnoticias/status/1161688716861218817 y https://www.panamaamerica.com.pa/provincias/senafront-hiere-un-mochilero-durante-operativo-en-palmira-en-darien-1105120

Referencias bibliográficas

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